“Con el tiempo me voy dando cuenta de que resulta bastante impredecible saber hacia donde se dirige mi trabajo, puesto que va unido de manera indisoluble a las inquietudes personales del momento, el estado de ánimo, la madurez, … Demasiados factores que escapan a tu control.

Esta última etapa artística pertenece a un momento relajado en la que, sobre todo, indago en el retrato y el cuerpo humano a través de una técnica que he intentado que sea lo menos pictórica posible, más cercana a la fotografía en cuanto a representación,…

La mejor forma de romper con todo lo anterior me pareció que era el collage, el papel brillante y frío de las revistas, plagadas de palabras banales, de consejos inútiles, de anuncios que venden superficialidad y placeres igual de inmediatos que efímeros. La propia revista es un objeto de usar y tirar. La distancia que se crea entre el artista y la obra, y el espectador y la obra, es grande, pero creo que existe un nexo que une ambas partes, está entre nosotros y la mirada del personaje retratado. Esa cuerda imaginaria que intento crear me lleva a mi y también al espectador a alejarse del cuadro para poder ver. No por estar más cerca vas a ver mejor. El punto de vista es fundamental. Es un ejercicio que todo el mundo debería hacer de vez en cuando en sus propias vidas.

Ahora puedo decir tranquilo que no sé lo que me depara el futuro ni me importa. Se que este último paso es el primero de algo más importante, lo considero como los cimientos sobre los que construir el edificio. Pero no el edificio que construiría un arquitecto, con sus bocetos previos y sus perfectos planos acotados, sino como las casitas que hacíamos de niños, poniendo pieza a pieza sin saber lo que saldría al final, cada pieza de un color distinto, construyendo sólo por el placer de hacerlo.”

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